miércoles, 29 de agosto de 2007

Mitos Posmodernos

Me encontraba en el cumpleaños de mi hermano menor, cuando por esas eventualidades de la vida me puse a conversar con dos extraños personajes: Una mujer y un Hombre. Primero hable por separado con cada uno y luego con ambos, ¿efecto de la cerveza, el tequila, el ron y el vino? Quien sabe, al final de cuentas socializar no es tan malo.

Habían dos lineas de conversación: las diferencias entre ambos sexos y el mito fundante de la relación de poderes de la masculinidad y feminidad. Y bueno, como las diferencias son tan evidentes a nuestro haber en cuanto las relaciones que sostenemos con cada uno, no trataré tal tema. Pero en consecuencia, el segundo me recordó algo que hablaba con un gran amigo hace ya unos años. ¿Se han dado cuenta que la masculinidad ya no tiene un mito que la sostenga? Cuando llegue a este punto de la conversación, supe inmediatamente cual era nuestro desolador panorama actual.

¿Cual era el mito antiguo? Bueno, recuerdo que en el psicoanálisis de los cuentos de hadas se sostenía que la finalidad de las leyendas y cuentos fantásticos que se aprendían y aprendemos, decía relación con preparar a los niños para lo que era el mundo adulto, con sus problemáticas y sinsabores. ¿Y eso qué? Bueno, hay cierto patrón que se repite en los cuentos de hadas: Hay una princesa y un príncipe, por alguna extraña razón el príncipe debe pasar una que otra prueba para salvar a Ella del peligro o situación en que se encuentra. La saga del ogro Shrek hace gala y burla de todas esas cosas. Pero vamos a lo nuestro: ¿En que estamos hoy?

Hace tiempo un amigo me decía, que el precepto típico de intentar ser un caballero era una perdida de tiempo. La cuestión estaba en el porque. Primero, qué culpa tiene el pobre dragón, para que llegue un pelotudo y lo intente matar, o sea, el dragón custodia a la princesa y por alguna extraña razón fue colocada en ese castillo con ese dragón. En el contexto simbólico, esto implica que, la princesa esta ahí, defendida de si misma por el castillo, que la separa de la neurosis. Por otra extraña razón, aquella mujer entra en el insight de que se siente sola, a salvo, pero sola. Entonces le hace un gesto a algún caballero, le dice que esta aprisionada por un malvado dragón. En otras palabras, hace algún tipo de gesto que declara un mínimo de interés en un sujeto, que tal vez la pudiera ayudar a sentirse menos sola. Y es así como comienza la masacre. El caballero piensa que debe salvarla y hace el intento, incluso llega a lograrlo, si es suficientemente hábil y valeroso, hasta que al final llega donde la dama y esta lo rechaza. Este punto no va en el cuento, pero sí en la realidad.

Supongamos que el tipo es lo suficientemente hábil para interpretar de porque la mujer con la que se ha cruzado, se ha fijado en él (lo cual es prácticamente imposible, generalmente se tiene una idea media fantástica, pero sin mucha relación con las verdaderas motivaciones de la dama). Se interesa en la oferta o en le reto, depende como quieran verlo, y hace sus esfuerzos rudimentarios para esquivar los efectos de la neurosis de ella y logra acercarse. Finalmente se encuentran, pero como ya han cumplido con el ritual previamente establecido, solo ocurre que si el juego no es entretenido de ahí en adelante, ella simplemente queda libre y se va a caminar por el descampado y el príncipe queda con cara de ¿¡qué acaba de pasar!?

Bueno, desgraciadamente aun no doy respuesta al pobre príncipe, sin embargo, lo cierto es que, nuestros mitos están cambiando y para educar a nuestros hijos (jo jo jo) debemos generar nuevos mitos. Por nuestra salud mental debemos entregarnos a que no haya un mito que nos defienda de nuestra estupidez y miedos, que hacen que al encontrar alguien que realmente valga la pena, nos ganen motivaciones de poca monta como la aprensión y el temor. ¡Honor y victoria a los trovadores posmodernos, que deben comenzar a cantar las nuevas hazañas de los seres humanos perdidos en si mismos! Por mientras el príncipe me sigue mirando atónito y a mi, como todo caballero pos moderno, que leyó y vio, como agua para chocolate, voy en busca de la dama que corre libre por el descampado.

miércoles, 8 de agosto de 2007

A maraca, maraca y media

Estando en una clase de de Psicología Organizacional, el profesor nos contaba sobre el mundo adulto y la relación entre machismo, alcoholismo y homosexualidad. Lo cual me hizo reír bastante, hasta que realizo una aseveración que me pareció de sumo interesante: durante la adolescencia los seres humanos aprendemos lo mínimo que debemos saber sobre las relaciones de pareja, a fuerza de ensayo y error. En otros términos, un entrenamiento psicosocial dispuesto y generado para que aprendas a como tener estabilidad relacional.

Parece que hay quienes jamás terminan de aprender. Ese fue el comentario que me hizo un amigo la momento que le relataba la situación, nos reímos un poco, pero el frío de la verdad nos volvió a nuestra sobria posición. Era cierto, desde la resignación nos veíamos las caras, como las relaciones no dependen solo de uno, se termina dependiendo de la disposición y las ganas del otro (era que no). Lo cierto dentro de este asunto, es que la compartir cierto segmento de tu vida y fenomenología, uno no sólo se aprende las virtudes y buenas cualidades del acompañante, sino también se aprenden o se sufren sus vicios.

Lo concreto, era que me puse a pensar, cual era el aprendizaje que te dejaban las relaciones. Claro, la principal en su virtuosismo es que asumes cuanto y cuando puedes dar, te conoces en un ámbito que es medio ajeno a la identidad que se gana en la adolescencia. Lo negativo, es que de improviso después de una cierta cantidad variable de malas experiencias, descubres que es lo que realmente estas buscando o puedes no hacerlo lo que desemboca en expresiones tales como: ¡Me los busco mandados a hacer!

Bueno, esta entrada tiene por objeto el trabajar sobre la hipótesis de la venganza a largo plazo de las malas experiencias amorosas. Esta refiere a la certidumbre que genera un amig@ de la persona herida cuando dice, est@ sujeto lo pagará,m encontrará a alguien que le hará lo mismo que te hizo a ti y en ese momento pagará por lo que te ha hecho. Cuando piensas en esas toneladas de personas de malos sentimientos y profunda ignorancia, que te topas en el camino y por A,B o C motivos te hacen pedazos, esa es la idea a la cual intento referirme.

La expresión formal se traspasa a lo popular de la siguiente manera: Un desgraciado aprende de otro desgraciado o como me dijo una amiga: a maraca, maraca y media. Son dos proposiciones diferentes. La primera tiene que ver con el hecho que la posibilidad de aprender y madurar de una desgraciado, es que otro le haga la misma y de tal experiencia de agravio, re elabore su situación vital. También se puede leer para el otro lado, después de que te joden un buen poco, o un par de veces, algunos consideran la posibilidad de no ser tan buenas personas, para que otros no les pasen por encima. Según algunos de mis amigos que han hecho este proceso, la ganancia es alta y la inversión es baja. Éticamente me parece extraño, pero un mecanismo de defensa efectivo frente al dolor generado desde el otro.

La segunda frase, que al salir de los labios de mi amiga, me congelo de frío interpersonal, dice relación, con el juego del poder y la dignidad en la relación de pareja. Es como afirmar que alguien te esta jugando sucio, lo cual exige alguna reacción de tu parte, sino quieres verte sometido a un régimen de depresión y perplejidad. Esta reacción, no es una lucha por lavar la afrenta hecha al amor, sino a la dignidad y al amor propio.

Pero hay que reconocerlo, es cierto que hay desgraciados de tomo y lomo dando vueltas por nuestro mundo interpersponal, estos son los menos. En general, quienes más hacen daño son quienes no tienen nada claro sobre sus vidas y sobre su identidad, personas que no se conocen y no quieren ser dañadas. Es a propósito de no ser heridas, que cometen las más terribles acciones en el nombre del amor. Bueno, así esta el mapa, usted decide que es lo que aprende de los extraños personajes que se cruzan por el camino ¿o no?